Derrotero del Estrecho de Gibraltar

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Si hablamos de las mayores singularidades de navegación que un marino puede vivir, sin duda el “Estrecho”, como llamamos la genta de mar, a esa tierra de la Península Ibérica y África y ese mar que las baña, y que es la separación natural de dos continentes, entre dos mares: el Mediterráneo y el Océano Atlántico; y entre dos culturas: la de occidente y la oriental.

Generalidades

En la aproximación desde el Mediterráneo o el Atlántico , siempre se nos viene a la cabeza que entramos en ese mundo de corrientes que te paran o te aumentan la marcha, que de morro un seco y potente levante o un húmedo e igualmente potente poniente, con mar, a veces mucha mar, y siempre espectante a babor y estribor de guardia. Pues nunca olvidamos que independientemente del clima que encontremos es uno de los puntos de mayor tráfico de buques comerciales del mundo. Más de 70.000 mercantes al año, (media de 200 al día) navegan por estos mares en ambas direcciones, o atravesándolo entre ciudades españolas y marroquíes, los primeros respetando los viales de separación de tráfico, los otros sorteándo siguiendo el Reglamento Internacional para prevenir abordajes en la mar. Se entiende porque mil ojos no llegan si con nuestra embarcación de recreo lo navegamos.

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Físicamente, es una canal por donde fluyen las aguas del Atlántico a reparar las pérdidas, que por evaporación sufre el Mediterráneo.
Geológicamente, su costa septentrional coincide con la meridional. Las puntas y montes de la primera se dirigen hacia el S, y las de la segunda avanzan hacia el N; fruto de la primitiva unión de una con otra, que por algún accidente geológico, llegaron a separarse.

El Estrecho de Gibraltar se dirige del W al E. Su boca occidental, es su parte más ancha, en forma de embudo, donde se aceleran las aguas oceánicas por la estrechura de Tarifa.
La ribera española, (Trafalgar-Punta Europa) es la más larga y sinuosa con 55 M de longitud incluyendo ensenadas. Se adelanta hacia el S hasta Tarifa, que demora 120º del Cabo Trafalgar. La costa africana desde Espartel a Punta Almina tiene 42 M. Discurre de la primera punta al 080º hasta la punta El Kasar (Alcazar) donde toma dirección NE hasta Punta Cires. Desde esta discurre al E hasta Punta Leona (la más norteña de esta costa).

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El ancho de la embocadura occidental, entre el cabo Espartel y el de Trafalgar, de los cuales la demora del primero al segundo es 168º y 24,2 M; el de la embocadura oriental, entre punta Europa y la Punta de Santa Catalina, que demora al 168º, es de 12,5 M.
La menor distancia del Estrecho entre punta Cires y la mediana entre Tarifa y el río Guadalmesí, que se halla al 337º es de 7,45 M. (De Tarifa a Cires: 8,2 M).

La profundidad del Estrecho es de más de 300 m en el meridiano del cabo de Trafalgar, de 760 m en la angostura de Tarifa, de l.085 m en el de punta Carnero y de 1.200 m en la embocadura oriental, pero desde el meridiano de Ceuta para el E más bien disminuye. Los fondos son de composición muy variable, predomina la piedra mezclada de coral y cascajo entre el meridiano de Tánger y de la punta Europa, en el que sólo se encuentra arena cerca de ambas orillas y desde el meridiano de cabo Espartel hacia el W. Desde el meridiano de Tánger hacia el W es aplacerado, mientras que hacia el E forma un plano inclinado, de gran pendiente.

Privilegio natural protegido, como Reserva de la Biosfera Intercontinental del Mediterráneo Andalucía (España)-Marruecos, alberga una singular gran riqueza natural tanto de fauna marina como de aves. Delfines, calderones, tiburones de varias especies, atunes rojos, orcas, tortugas marinas, sumadas a las especies de aves que migran entre Europa y África.

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Qué recuerdos de cuando estudiamos para sacar nuestro título de patrón, piloto o capitán nos evocan los puertos de sus riberas: Tánger, Gibraltar, Tarifa, Algeciras, Ceuta, Barbate… .

Vientos. meteorología

La meteorología del estrecho depende de muy diversos factores por la compaginación de los elementos siguientes: un océano, un mar cerrado y un desierto, siendo la orografía de la zona como gran responsable de extremar esas características.
Los vientos que dominan el Estrecho de Gibraltar son los levantes y los ponientes.
Los levantes, incluidos entre los rumbos ENE y ESE, (abanico 70º-90º-11Oº). Pueden soplar en cualquier época del año, especialmente en primavera y verano.
Una ligera bajada del barómetro y una subida del termómetro en el Golfo de Cádiz, indica que se establece el levante;
Una marcada subida del barómetro en Cádiz sería indicio de que desaparece el levante. Es muy constante y persistente, viene a soplar con una velocidad media de 25 nudos (unos 50 km/h) y puede presentar rachas muy duras que rebasen los 90 a 110 km/h, e incluso más. Puede alcanzar largos períodos de 7 a 10 días. El número medio de días al año en que sopla es de 165. Los meses de mayor frecuencia son de mayo hasta agosto, con unos 16 días, cada mes. Los de menor frecuencia de noviembre a febrero, con unos 10 días/mes. Pican la mar, fuerzan oleaje y mantienen un largo recorrido de los trenes de olas del mar de fondo, con peligrosas condiciones de navegación.

La posición del anticiclón de Azores es muy específica en el tipo de vientos. En invierno y otoño el anticiclón está muy desplazado hacia Canarias y Norte de África y sopla el poniente asociado a las borrascas. En verano y primavera el anticiclón de Azores está muy desplazado hacia las Islas Británicas y hay bajas presiones en Canarias, Golfo de Cádiz y Norte de África (hacia donde puede llegar en ocasiones el chorro subtropical en altura), mientras que sobre el Mediterráneo y Baleares se mantienen altas presiones. Entonces hay régimen de levante en el Estrecho, con gran persistencia

En cuanto a matizar los vientos de levante, podríamos hablar hasta de tres situaciones, según componentes.:
ENE: componente que deja libre de nubes las costas españolas y acumula nubosidad, asociada al aire húmedo del Mediterráneo, en las costas africanas. Suele dar lluvias en Ceuta y Melilla. Se origina con anticiclón en la parte occidental de la Península Ibérica y bajas presiones entre Canarias y Marruecos (en ocasiones hay embolsamiento de aire frío en altura). Es la que denominamos situación en zeta (Z).

E: es la que resulta más persistente y característica. El aire húmedo deja nubes «en cofia» sobre el Peñón de Gibraltar y las montañas de Algeciras; pero las lluvias son escasas a ambos lados del Mar de Alborán. Se origina cuando el anticiclón de Azores se sitúa con eje horizontal sobre el Golfo de Vizcaya, dejando bajo su influencia casi toda la Península y las islas Baleares, mientras hay bajas presiones sobre Marruecos. En superficie el gradiente de presión es poco, marcado en el Estrecho;· mientras en altura hay aire cálido hasta más arriba de los 3 000 metros.

ESE: se acumulan las nubes contra las montañas prelitorales de la Costa del Sol, dando algunas lloviznas. Aparece despejado el cielo sobre Ceuta y Melilla. Suele presentarse con anticiclón en Baleares y Mediterráneo occidental, y bajas presiones entre el Golfo de Cádiz y Canarias. Es la que llamamos situación en ese (S)

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Los ponientes alternan con los levantes,· son vientos del WNW y WSW, (330º-270º-250º); pueden soplar también en cualquier fecha del año, pero especialmente son más intensos en otoño e invierno. Es muy temido en el Golfo de Cádiz, donde se le conoce con el nombre de «vendaval» y crea malas condiciones, con temporal de lluvias y mala visibilidad asociado a borrascas de baja trayectoria y muy profundas. Los NW predominan en el área de Cádiz, especialmente de marzo a septiembre, y se refuerzan por la noche con carácter de brisa terral.

En general, los ponientes vienen asociados a situaciones atmosféricas en las que las borrascas en superficie cruzan entre los paralelos 40º y 35º N; mientras que el tiempo es estable, soleado, seco y despejado por Galicia, Cantábrico y Cataluña. Sólo cabe como excepción una profunda borrasca que cruce por el Norte de España, con marcado gradiente de presión atmosférica en el área del Estrecho.

El viento de poniente es fuerte y racheado, pero poco persistente. El período en que sopla es corto -entre 6 y 14 horas-. La época en que se presenta con mayor frecuencia es de octubre hasta abril. El promedio anual es de unos 60 días al año. En los ponientes las condiciones más adversas para la navegación van asociadas mucho más a la «mar de viento» que a la «mar de fondo» y esta última no suele pasar desde el Golfo de Cádiz hacia el Mar de Albarán.

Traen aire muy rico en vapor de agua, con nubes densas que ocasionan lluvias copiosas. Con borrascas muy profundas, con marcado gradiente de presión entre Lisboa y Cádiz, pueden soplar vientos muy intensos del SW; son los típicos vendavales.

Matizando las situaciones de viento de poniente, podríamos hablar de tres situaciones típicas.

W-NW: cuando hay un paso rápido de frente frío por la zona del Estrecho. Suele ir asociado a una vaguada en forma de V a 500 mb, que cruza la Península. Detrás soplan vientos racheados de poniente que duran corto tiempo, de 4 a 6 horas.

W: cuando profundas borrascas de lento movimiento, que se reflejan también en altos niveles de la atmósfera como baja cerrada, cruzan por el Golfo de Vizcaya y el Norte de la Península, con un marcado gradiente bárico (hasta 24 mb entre Santander y Málaga); mientras que sobre Canarias y Marruecos hay altas presiones. La persistencia del viento del W es larga en estos casos, hasta de 36 a 48 horas.

W-SW: cuando una baja se traslada en superficie desde el Golfo de Cádiz hacia las Baleares; mientras en altura, a 500 mb, se dibuja una vaguada en forma de U. La duración de los vientos es de 12 a 30 horas. Los pasos frontales implican saltos consecutivos del viento en superficie.

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En conclusión este cuadro relativiza todo lo anterior expuesto.

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La zona del Estrecho de Gibraltar es una de las de mayor recorrido del viento, con velocidad media superando los 30 km/h.
Un viento que puede soplar endiablado y que influirá notablemente sobre los valores de la corriente, reforzándola o levantando una mar imposible cuando sopla a la contra. El estrangulamiento que se produce en las ocho millas que separan Tarifa de punta Cires, por el efecto Venturi, un fuerza 3 se convierte en escasas millas en un fuerza 7, y aplicando esta regla cuando en Alborán o en el Golfo de Cádiz hay temporal, el Estrecho se cierra.

Corrientes

Dentro del Estrecho, por el centro siguen las aguas la dirección E, Esta corriente superficial hacia el E, es generalmente débil, aumentando su velocidad en el eje del mismo.
La maxima intensidad de corriente de superficie es de 2 nudos hacia el Oeste y de 4 a 7 nudos hacia Levante.

La intensidad máxima de las corrientes de marea están sobre 3 nudos hacia el W y sobre 2-7 nudos hacia E.
En medio del Estrecho la corriente hacia el Este comienza al tiempo de la pleamar en Tarifa y hacia el Oeste fluye 6 horas más tarde. Estas corrientes vienen indicadas en las cartas de navegación y se calculan segun la hora de la pleamar de la zona.

En la parte más estrecha del Estrecho, hacia el Este, entre los meridianos de Tarifa y Punta Europa la intensidad de la corriente es maxima y disminuye en el área central W, y al Sur de Punta Camarinal sobre 1,75 nudos y un nudo al S de Cabo Trafalgar.

Corrientes de marea

Son las que verdaderamente nos interesan, las corrientes de marea de fuerte intensidad que condicionan la navegación en el Estrecho.
Los remolinos (hileros en el argot del Estrecho) o corrientes de marea pueden variar en intensidad y direccion.

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Las zonas donde normalmente ocurren estos remolinos se indican en las cartas de navegacion.
Los hileros de corrientes, tan comunes y abundantes en el estrecho de Gibraltar, se encuentran generalmente en las inmediaciones de las puntas más avanzadas y de los bancos que de ellas se destacan. Aparecen instantáneamente y sin indicios precursores, aun cuando la mar se halle en su mayor reposo, formando de pronto un hervidero como de agua en ebullición, con una marea encrespada que a menudo rompe. Se hacen muy temibles para toda clase de embarcaciones de vela cuando se les agrega la fuerza del viento y de la mar que levanta; adquieren a veces un movimiento vertiginoso, ocasionado sin duda por el choque de la corriente general con la de la marea, el cual hace perder el gobierno a las embarcaciones de vela, obligándolas a dar vuelta en redondo si no cuentan con suficiente viento fresco para dominarlos. Pueden citarse muchos accidentes y averías provocadas, por los hileros y no se pueden dar reglas para cuidar su inesperado encuentro.

Los más fuertes son los que se forman sobre las puntas, cuyos ángulos son muy agudos y en que la costa cambia bruscamente de dirección, y regularmente adquieren su máxima fuerza a media marea, que es cuando también la tiene la corriente de flujo o de reflujo.

Sobre la costa de España son muy comunes, y aun puede decirse que tienen su asiento en el cabo de Trafalgar, Los Cabezos, la isla de Tarifa, la punta del Fraile, el bajo de la Perla y la punta de Europa; sobre la de Marruecos los hay en el cabo Espartel, la punta Malabata, la de Altares, la de Albosa, la de Cires, la Leona y la de Almina de Ceuta, y se encuentran también mucho más al E del meridiano de la punta de Europa y bastante internados en el Mediterráneo, si bien ya no son tan considerables ni locales.

En cabo de Trafalgar se experimentan los más violentos, sin que falten a ninguna marea, con más o menos fuerza, según sean vivas o muertas, y cogen más extensión que todos los demás del Estrecho, pues prolongándose hacia el SW y el WSW pasan por encima de La Aceitera y de los bancos inmediatos.
(Es la más conocida, temible y muy violenta, se extiende al SW del Cabo Trafalgar al Bajo de La Aceitera y en ciertas epocas del año, con mareas vivas, la corriente de marea fluye fuertemente, y se puede extender hasta el Banco de Trafalgar o al Banco del Hoyo. Cuando con ellos se combina la mar de leva, las proximidades de dicho cabo se hacen doblemente peligrosas, por lo cual los navegantes, al embocar o desembocar el Estrecho con mar gruesa, se alejan considerablemente del citado cabo, poniendo así por obra el refrán marinero de: cabo de Trafalgar, o muy a tierra o muy a la mar.
En los Cabezos tampoco faltan a cada marea hileros que unidos a los remolinos más o menos vivos, según es la fuerza de aquella, se extienden por fuera y a través de las Lajas, cruzando las más veces el Estrecho y recalando sobre los bancos que salen de la punta Malabata y de la de Alboasa; pero estos hileros, que los prácticos llaman Hileros de las Lajas, en tiempos normales no son muy violentos, y cuando la mar está llana solo producen un hervidero poco temible, si bien con mal tiempo la encestan considerablemente. (Ccerca de la playa de Los de Lanzes en Tarifa, durante los momentos de más intensidad de la corriente de marea en entrante y vaciante cubre un área considerable durante calmas; con mal tiempo puede extenderse a lo largo de todo el Estrecho y unirse a la corriente que viene de costa entre Punta Malabata y Punta Alboasa).
Por fuera de la isla de Tarifa, a cada media marea, hay también hileros, aunque de poca extensión, los cuales corren al SE con la vaciante y al SW con la creciente, siendo más fuertes en el primer caso, y se desvanecen a medida que se alejan del sitio en donde se forman para volver a reproducirse.
Sobre la punta del Fraile, la de Carnero y la de Europa, los que se notan son de menos extensión que los anteriores, y se desvanecen a medida que penetran en el Mediterráneo.
Los que experimentan sobre el cabo Espartel y la punta de los Judíos y por fuera de Tánger, no son de gran consideración, y se forman, como todos, a cada media marea.
Los que ocurren entre la punta de Malabata y la de Al-Boassa son los más fuertes que se conocen sobre la costa de Marruecos; resultan, al parecer, del choque de las corrientes a cada marea contra el banco del Fénix y el de Jaseur; extienden su acción por encima de las Lajas, o sea del gran banco que desde aquí avanza hacia Los Cabezos, y puede decirse que alcanzando a los que salen de dichos Cabezos, atraviesan el Estrecho, formando a cada media marea un no interrumpido hervidero de N a S.
Los que se encuentran sobre la punta de Cires, la Leona y la de Santa Catalina salen poco de la costa, pero con las vaciantes de grandes mareas, en las cuales se les une la corrientes general, son violentos, si bien con las crecientes nunca son tan fuertes.

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